jueves, 4 de septiembre de 2014

ESE 16%

Esta semana hemos tenido la noticia, y luego el debate, alentado por los medios, de que sólo el 16% de los españoles estaría dispuesto a defender España ante una invasión. Luego ha sucedido lo de siempre: comentarios de iluminados que sugieren que ya estamos invadidos, aunque sea por la corrupción; encuestas en los periódicos, como la de El Mundo, en la que los cibernautas mostraron gran arrojo y patriotismo desde las butacas de sus casas para votar -en un 66%- que sí, que ellos sí tendrían huevos de empuñar las armas; y los necesarios porcentajes por comunidades que sugerían que los navarros son los que se sienten menos comprometidos con España mientras que los melillenses son los que más.

Todo esto me ha recordado una pregunta que me hizo una conocida en Sevilla, durante mis vacaciones, hace escasos dos meses. Me preguntó que, si me quejaba tanto de España, por qué no me quedaba en el país para arreglarlo en vez de emigrar. Mi respuesta se redujo a un vanidoso ''ya lo he intentado, amiga'', porque explayarme en una contestación más sustanciosa habría supuesto más vanidad aún. Pero me voy a permitir aquí descargar todo el envanecimiento que me corroe en cuanto a las acciones cívicas que, sin duda alguna, me distinguen de muchos españoles. Incluso de más del 84% de ellos, por hacer uso de la noticia de marras. Los siguientes son los ejemplos que podría haberle dado a mi amiga para demostrarle que un servidor ha hecho lo imposible por intentar arreglar o defender (de la zozobra) su país.

- En abril de este año gasté hasta 40€ de mi bolsillo para registrarme en el censo de españoles en el extranjero para poder votar. Es la cantidad de dinero que tuve que gastarme entre el notario (que certificó mi lugar de residencia), las tasas del ayuntamiento y los sobres y sellos. Me pregunto cuánta gente en mi país estaría dispuesta a pagar 40€ para defenderuno de sus derechos en el extranjero.
- Las malditas hojas de reclamaciones. Creo que en Mediamarkt y en la estación de Santa Justa de Sevilla me tienen ya calado como el 'viejo de los 26 años'. En Alemania sería directamente un Spiessbürger. Un ciudadano excesivamente pulcro con el mantenimiento de las leyes y las costumbres establecidas. Aunque para mí, que a uno le denieguen el acceso a un tren por error de la propia compañía, es algo más que el incumplimiento de las leyes. Es un atropello en toda regla. Me pregunto cual es la media de hojas de reclamaciones de un español en un año. Y de paso, me pregunto también qué hacen en Consumo con esas hojas. ¿Reponer papel higiénico?
-  Cartas al director, comentarios en Internet, debates acalorados en la calle que me han costado más de un disgusto cuando, en teoría, el debate del ágora debería ser la esencia de cualquier Democracia. Siempre que en esta primen las personas cultas, claro.


Coda: en noviembre de 2009 asistí a una conferencia sobre Mariano José de Larra en el Ateneo de Madrid. Uno de los participantes era un descendiente del periodista, Jesús Miranda de Larra. Presentaba 'Larra, el hombre'. Al final de su charla, me acerqué y le pregunté, para un trabajo que preparaba para Historia del Periodismo Español, en qué periódico escribiría su antepasado si hoy viviera. Su respuesta fue 'Público'. Me quedé atónito. Pensé por un momento que yo conocía al escritor mucho mejor que él. Básicamente, es inverosímil que hoy Larra pudiera escribir para Público. Ni siquiera para El País. Con toda la objetividad que me asiste, o como el mismo Larra diría, ''con toda la filosofía de un hombre que no ha cenado'', me atrevería a decir que el periódico en el que Larra escribiría hoy sería El Mundo. Por la simple razón de que es el único que, más o menos, cultiva el género de lacrítica social. Es decir, no sólo a los políticos, sino a la misma sociedad. Lo vemos con su director en Andalucía, Francisco Rosell; con Carmen Rigalt; con Sánchez Dragó, etc.  

Se puede defender un país de muchas maneras, y ni mucho menos se trata siempre de armas de fuego.

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