lunes, 19 de enero de 2015

DRACUNCULIASIS ANDALUZA

No todo son malas noticias en los medios. Al menos, las buenas suelen ocultarse.

La dracunculiasis es una enfermedad próxima a la extinción. En 1989 contaba con un millón de enfermos, principalmente en África, mientras que hoy se ha reducido a un par de centenares de afectados, casi todos en Sudán. También llamada enfermedad del gusano de guinea, se trata de una patología en la que un nematodo (lombriz) se aloja bajo la piel de los seres humanos y crece, a veces hasta un metro de longitud. Cuando el animalillo ha alcanzado un desarrollo considerable, el filamento en que se ha convertido se parte en varios pedazos y arroja larvas que alcanzan el agua. En el agua, las larvas son consumidas por diminutos crustáceos llamados copepodos. Si una persona bebe del agua infectada, la larva se aloja bajo su piel y el ciclo vuelve a empezar. No es una enfermedad letal, pero provoca un profundo debilitamiento en quien la padece.

En mi humilde opinión, la Junta de Andalucía es lo más parecido a la dracunculiasis que existe en el día a día de los andaluces. Resulta que desde hace 35 años existe un nematodo gigantesco, que descansa sobre su ancho lomo en San Telmo apoyando su cabeza en Ayamonte y recostando los pies en Almería. Este nematodo se alimenta bajo la piel de Sierra Morena a base de uno de los impuestos más altos del país, y cada cuatro años eclosiona liberando miles de soflamas que caen en el agua contaminada de Canal Sur, el oro líquido del que se alimentan no pocos andaluces para calmar su sed bajo uno de los soles que más castigan en Europa. Así, pese a que ya hay muchos andaluces que conocen la maldad y los destrozos de este gran nematodo, se resisten a señalarlo como principal fuente de su debilidad, y apuntan a fuentes exteriores y aguas extrañas que no conocen y que por tanto les parecen sospechosas.

Saliéndonos de la metáfora de la dracunculiasis, uno podría utilizar un símil futbolero para que lo comprendan los más forofos. Esta semana, el Barça despedía a Zubizarreta como director deportivo a consecuencia del juego mediocre que lleva el equipo en los últimos tiempos. Un equipo que aún encabeza la tabla de la clasificación, pero que tiene, como 'equipo grande' que es, unas expectativas más altas que, digamos, el último de la tabla. Caer a los últimos puestos, y no digamos descender a segunda, sería un error difícil de digerir por este equipo. Es evidente que toda liga de fútbol cuenta con unos puestos de descenso, y es inevitable que todos los años bajen tres a segunda. Pues bien: fijaos que no es la democracia la que ha echado a Zubizarreta, sino el cuerpo directivo del FC Barcelona; son los directivos los que deciden en el Barça, los responsables, como con cualquier empresa privada.

Los directivos de Andalucía ya no son centuriones romanos con órdenes de Roma, ni reyezuelos godos que manden en Toledo. Tampoco califas cordobeses ni reyes cristianos. La Junta Directiva de Andalucía ya no es militar ni tiene su sede en Madrid. La Junta de Andalucía actual es el órgano de gobierno, es decir administración, organización de los andaluces que se la dieron por medio de un estatuto, y por tanto son los ciudadanos andaluces los que conforman esa directiva. Negar la responsabilidad al pueblo andaluz de mantener a este nematodo insaciable, que se protege a sí mismo lanzando larvas de enchufados y soflamas propagandísticas por aguas televisivas, es un error que nos condena al debilitamiento eterno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario