
No es que en épocas de bonanza y vacas obesas lo pasaran demasiado mal, pero lo cierto es que las grandes empresas de gestión de cobros se están forrando con varias capas de billetes a cuenta de la crisis, porque la morosidad se dispara.
Disfrazados de toreros, zorros, de superman, o con un simple smoking -José María Ruiz Mateos es el máximo exponente de los cobradores en la Democracia, todo un Mortadelo del mundo de los negocios- estos honorables sinvergüenzas (en el sentido de que actúan sin complejos, huelga decir) viven una etapa de oro gracias al cobro de las deudas que tan descaradamente se han apoderado de los hogares españoles.
Pero este sector tan original y oportuno acarrea el crecimiento de otros tantos, como por ejemplo el de las empresas de seguridad (Prosegur, Securitas, etc). Y es que en España, pedir lo que corresponde es casi un deporte de riesgo, y se necesita protección. De ahí que a Enrique, Zorro de turno, le dispararan en una agitada jornada de trabajo. Como si se tratara de un día de caza a caballo en las yermas praderas de Inglaterra.
Ruiz Mateos, precursor del disfraz cobrador, exigiendo lo suyo al ex ministro socialista Miguel Boyer.
Ruiz Mateos, precursor del disfraz cobrador, exigiendo lo suyo al ex ministro socialista Miguel Boyer.
El Confidencial reproduce esta semana una de las noticias más socorridas en los últimos meses: el auge de la gestión de cobros. Pero añade que se están dando novedades en este fenómeno de golferío e ilusionismo, el de desaparecer para no pagar al prójimo: hay entidades financieras que por ahorrarse el coste de un cada vez más demandado servicio del frac recurren a un ofrecimiento tan anodino como el de pagar al deudor un viaje de vuelta (de vuelta de ese país-escondrijo) e incluso una pequeña bonificación a cambio de abonar la deuda. Es lo que tienen las crisis económicas, las instintivas ocurrencias por la supervivencia.
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